Argumentos y razones para reaccionar y cambiar de ruta

La clase dirigente, los partidos mayoritarios y los columnistas de los medios de comunicación dicen que la gente acampada en Sol, resguardada de la lluvia bajo las Setas de la Encarnación en Sevilla y concentrada en decenas de lugares de España no concretan sus peticiones y que `Democracia real, ya´ es un lema muy genérico y vacío de contenido. 

Es verdad que pedir que se vayan los corruptos, que se terminen los privilegios de los políticos o que los culpables de la crisis vayan a la cárcel, sin ponerle nombres y caras a los responsables de lo que está pasando es poco eficaz. Por eso vamos a intentar aportar datos y piezas para recomponer el puzle de la coyuntura actual.

Empecemos por la revolución libia y la guerra que se libra en la otra orilla del Mediterráneo. No hace tanto tiempo, los fabricantes de armas españoles y europeos vendieron bombas y misiles al dictador Gadafi para que mantuviera a su pueblo oprimido con la autorización pertinente de sus gobiernos. Ahora, el dinero público se gasta en misiles para destruir los arsenales que los fabricantes de armas le colocaron al gobierno libio. Unos pocos se han lucrado del negocio armamentístico y ahora a todos nos toca pagar el desaguisado. En Grecia, bancos alemanes y franceses dieron créditos para que Atenas se armara hasta los dientes y luego pidieron el rescate para que se le pagara la deuda que más que pública era militar.

Uno de los grupos bancarios nacidos de la reforma de las cajas es Banca Cívica, toda una incongruencia, ha pedido al FROB mil millones de euros para sanear su balance, prejubilar a centenares de trabajadores y de paso seguir con el disparate de la Torre Pelli promovida por Cajasol, en Sevilla, con un coste real de 438 millones de euros. Si paralizaran las obras del rascacielos se ahorrarían casi la mitad de dinero público que han solicitado. De paso podrían cumplir con las normas de transparencia  de las empresas que cotizan en bolsa y dar a conocer los sueldos de su cúpula directiva.

El Ayuntamiento de Sevilla, que autorizó la cuestionada torre, no encuentra dinero para rehabilitar el patrimonio arquitectónico que tiene sin utilizar como es el caso de la antigua Fábrica de Artillería, el Mercado de la Puerta de la Carne o las fases pendientes del antiguo convento de Santa Clara, por no aburrir con los ejemplos. No les canso más por hoy.

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